Los agentes llegaron cuando aún no había salido el sol a la Costanera. Cerca del mediodía, aún seguían trabajando en el lugar. "Hace mucho que no veíamos tantos policías acá", dijo sorprendido un vecino, que seguía desde la puerta de su casa los procedimientos.
Los dealers no habían elegido la ubicación de sus guaridas al azar. Tres de las viviendas allanadas están frente a la iglesia del barrio 2 de Abril y a metros de la Escuela Costanera. Las otras cuatro propiedades están sobre la cuadra del CAPS de la zona. "El barrio está peor que antes. Hay chicos y chicas que no tienen ocho años y ya andan con esa porquería", afirmó una joven.
Un vecino protestaba porque su hijo había sido demorado por la Policía. "Yo estaba saliendo a trabajar y me enteré de que lo habían arrestado. Pero él no hizo nada malo. No me dejaron hablar con él, así que no sé qué pasó", reclamó. Lo que él no sabía es que el muchacho había sido sorprendido por los agentes cuando iba a comprar "paco" a una de las viviendas. "El barrio está lleno de esa basura -admitió luego el hombre-. Mucha gente viene en remises para comprarla; creo que nos hicimos conocidos por esta basura y parece que todos fuéramos delincuentes, cuando hay muchísima gente trabajadora".
Un individuo observaba a los policías desde la vereda de la iglesia. "¿Se podía ver la venta de droga todo el tiempo?", le preguntó LA GACETA. "Ni hablar -contestó él-. Pero prefiero no decir mucho. Una vez se la agarraron conmigo porque traté de separar una pelea. Yo no pienso en irme del barrio; soy de acá y acá me quedo a pelearla desde adentro".
Desde el CAPS, una joven muy delgada que tenía en brazos a su hijo pequeño también se dedicó a mirar los procedimientos. "Yo tomo ?paco?, y mis hermanos también. No se puede salir", comentó. Quizás eran los nervios, pero comienzó a reírse. "No lo dejamos porque es rico. Te deja dura; no sentís nada", agregó.
La esposa de uno de los detenidos se mostró muy molesta. "Nos plantaron la droga", afirmó la mujer, de 36 años. Y agregó que ella quería irse del barrio desde hace tiempo. "Yo le decía a mi marido que nos mudemos, porque se ven muchos chicos drogándose en la calle y eso es un mal ejemplo para nuestros hijos", aseveró.